
Inolvidable final: la Gran Muralla China, Pekín y Gubei (V)
Finalizo este diario en ruta con la reproducción de las últimas newsletters que envié durante mi ruta por China en 17 días. En concreto las dos siguientes que se centran en Pekín, Gubei y la Gran Muralla China. No pudimos tener mejor final de viaje y ahora luego verás por qué. Tienes más información sobre estas newsletters en la entrada principal del diario de viaje por China.
La capital (Newsletter X)
Resulta difícil definir Beijing, que por mucho que le pese a la RAE es como se debe llamar a la capital China desde que en 1979 se unificaron las transcripciones al alfabeto latino. Es una megaurbe y da esa sensación desde que llegas (estación de tren mastodóntica), hasta que te vas (un aeropuerto de 50km2, y tiene otros dos). Las distancias son disparatadas, pero por suerte el metro y autobuses urbanos cubren bastante bien, amén de taxis bastante asequibles (y más siendo cuatro).
Como gran ciudad tiene infinidad de cosas para ver/hacer, pero justo el 3 de septiembre es el desfile nacional y las vallas y militares se han adueñado del centro de la cuidad. Y no solo eso, muchos de los atractivos están o cerrados ciertos días y horas o con acceso limitado.
Es el caso de la plaza de Tiananmen que 2 de los días que estuvimos permanecía cerrada y el resto con acceso limitado a través de reserva más complicada que las entradas de BadBunny. Uno de los días nos intentamos acercar un poco a la plaza para ver si se veía algo, pero estaba completamente sitiada y no dejaban acercarse en un radio bien amplio. Así que una excusa para volver.
Otro de los días hubo ensayo del desfile y cerraron todo el centro, una línea entera de metro y varias paradas de otras. Y es que como ya os conté, la seguridad por aquí es de otro orden de magnitud. Se estima que en 7 minutos se puede localizar a cualquier persona en el país. Así que echad cuentas de la cantidad de cámaras y controles que hemos visto no solo en Beijing sino en los sitios más recónditos.
Sin pasaporte no entras a ningún museo o atracción turística (un saludo al que decidió que era buena idea usar la letra O en un número de pasaporte para que se confundiera todo el rato con el número 0).
Con suerte y una semana antes pendientes a las 20:00 de que sacaran los tickets pudimos pillar entradas para la ciudad prohibida. Ciudad usada por los emperadores para vivir y a la que solo podían entrar unos pocos (de ahí lo de prohibida). El lugar es inmenso (1km2 approx) con un foso que lo rodea y dentro varios pabellones, edificios y jardines. A la par hay hordas de chinos y riadas de gente, pero al ser tan grande las colas no fueron muy largas.
La palabra que escogería para definirlo sería impactante, por su tamaño. Los pabellones son bonitos pero por fuera son todos iguales, más grandes o pequeños pero iguales. Por dentro solo algunos están abiertos con pequeñas exposiciones de arte. A mí, personalmente me decepcionó el no poder ver ni siquiera unas habitaciones o algún pabellón más por dentro. Además que tener una marabunta por todos los lados pues no ayuda.

Otro de los atractivos turísticos que visitamos fue el templo del cielo. Esta visita me gustó mucho más. Se trata de un parque con varios pabellones, dos grandes templos y un altar enorme. El templo del cielo es un icono de la ciudad, un gran cilindro coloreado que termina como si llevara un gorro de granjero asiático. Muy fotogénico.
Por supuesto las hordas nos acompañaban pero por el parque había bastantes recovecos como para estar solo. De hecho es un parque muy verde, boscoso y con zonas de jardines de flores. Lo cual viene bien para no caer en el «temple fatigue» o cansancio de templos típico de estas latitudes (ya que hay templos por todos los lados). Me gustó mucho la visita, 100% recomendable.
A las afueras de la ciudad se encuentra el palacio de verano, donde los emperadores se retiraban para estar más frescos y tener un lago y varios jardines a su disposición. La emperatriz Cixi, concubina y posteriormente emperatriz viuda fue la que manejaba el cotarro por el lugar y la causante de muchos de los edificios y ornamentos.
El palacio se encuentra en lo alto de una colina justo debajo de un templo y a los pies de ambos un gran lago. En los alrededores infinidad de pabellones, paseos y figuras (como un barco de mármol a tamaño real que mandó construir Cixi). Es un lugar idílico, muy bonito y por supuesto de los más visitados de Beijing.
Pero como pasa en la mayoría de China, es salirse un poco de los caminos principales y encontrar la paz. Lo que sí sorprende de nuevo es que no se pueda entrar a ninguna de las habitaciones del palacio y que a través de ventanales solo se vieran algunos ornamentos y muebles comiendo polvo. No parecía que nadie entrara a las estancias no para limpiarlas.
Del Beijing típico-turístico estas fueron nuestras visitas, pero vimos mucho más cosas de la ciudad. Los famosos hutongs o barrios de casas bajas de ladrillo gris, que se convierten en laberintos para llegar a las casas de más al interior. La zona más comercial del centro con sus tiendas de marcas pijas y ambiente consumista. Zonas con templos, turistas y muchos occidentales.
En Beijing ya se respira mucho turismo occidental pero en un ambiente 80% asiático, los menús están en inglés y en muchos sitios te hablan en un inglés bastante más fluido que el que habíamos oído durante el resto del viaje. También hay más cadenas occidentales y restaurantes de todo tipo, no sólo chinos.
Me gustó mucho una zona en las afueras llamada 798 art district, una antigua zona de fábricas que ha sido reconvertida en galerías de arte y museos. A su vez han conservado diferentes estructuras de las fábricas lo que le da un toque diferente. Eso sí, todo por esa zona a precios inflados como si de Frankfurt se tratara. El distrito financiero de Beijing también merece un paseo y más desde hace unos años con la torre CITIC de 527m de altura. Una pena que la ciudad no disponga de un mirador en las alturas.
Beijing nos recibió con temperaturas cálidas, con lluvia y un respiro al horno de Shanghai, Chengdú o Xi’An. Por las noches se estaba de lujo y casi no tuvimos que usar el aire acondicionado en el hotel. La verdad que nos vino bien terminar así el viaje. En una gran ciudad, con infinidad de posibilidades y sin estar pendientes de coger trenes o madrugar. Un buen colofón para un viaje inolvidable.

El mejor broche final (Newsletter XI)
Cuando me desperté el que fue mi último día por tierras chinas en este viaje, nunca pensé que iba a ser un día tan especial. Los últimos días de los viajes son difíciles de digerir: a pocas horas de la vuelta a la rutina, de terminar las vacaciones, del rollo del viaje de vuelta, de no tener algo que te anime…etc. Pero por suerte para todos este último día fue diferente en cuanto nos montamos en el coche de nuestro conductor privado que habíamos reservado.
Para hacerlo diferente voy a empezar por el final, ya que esta última entrega merece acabar por todo lo alto. Así que como buen final agradecerte de verdad que te hayas apuntado a esta newsletter, espero que la hayas disfrutado y te haya servido para imaginarte un poco de ese país que o ya visitasteis en su día, que algún día visitarás o que simplemente te gusta leer sobre mis andanzas.
Y terminada la despedida sigo con lo anterior que no es sino la llegada al aeropuerto Capital International Beijing. Como ya os conté en la anterior entrega es una inmensidad de 50km2, nosotros salimos desde la terminal 3 desde la letra E, que tan solo tenía 62 puertas. Un locurón de edificio y de grandeza, que no iba a ser menos después de haber visto las estaciones de trenes del país. Todo salió en hora y mediante una escala coñazo en Cairo llegamos a Madrid a la hora prevista. Yo tiré para mi casa con ganas de ver a mi gatete viejuno y el resto esperaron un bus de vuelta a Burgos.
A menos de 2 horas del aeropuerto nuestro conductor paró por sorpresa en Gubei la denominada «Water Town» de Beijing, que no es sino una réplica de la ciudad acuática (traducción propia de water town) de Wuzhen en el sur de China. Es un pueblecito muy agradable y bonito, que ya que hacen una réplica pues por lo menos que sea convincente. Yo no sé si por el cansancio o por esa impostada falsedad no me pareció gran cosa. Casitas de piedra gris surcadas por canales y barquitas a lo góndolas venecianas pero con tintes chinescos.

Por lo menos, las calles estaban bastante vacías, no sabemos si porque era lunes o porque si ya el comienzo de semana suponía que los chinos habían acabado sus vacaciones de verano o si por el contrario es una zona que se llena por las mañanas pero que por la tarde está tranquila. Eso sí, el emplazamiento no es casualidad. Se ha construido sobre los 5 antiguos pueblos de Simatai.
Y ¿qué tiene Simatai de especial? que es uno de los emplazamientos de la Gran Muralla China. Muralla que se avista en las montañas que rodean la ciudad y que al caer la noche se ilumina como si una tira de luces LED se hubiera pegado a los picos de las montañas. En ese momento sí me pareció una maravilla, ver la Gran Muralla China iluminada no creo que se de en muchos más lugares.
Como ya habéis podido adivinar, nuestro broche final del viaje fue la Gran Muralla China. ¿Cómo íbamos a ir a China sin visitar la Gran Muralla? Pero no, no fuimos a Simatai, nosotros nos acercamos a la zona de Jinshanling no muy lejos de Simatai. Llegamos sobre las 13h y nos embarcamos en un trekking por la muralla durante 4h hacia una salida unos 7km más al este. He de decir que este trekking ha sido el que más me ha gustado del viaje con diferencia.
Me cuesta describir la sensación de estar subiendo y bajando escalones por los picos de unas montañas, rodeados de más montañas y viendo que las torres y la muralla no tiene fin a ninguno de los lados. Además, en todo el trayecto creo no nos cruzamos a más de 20 personas. Fue un oasis dentro del paraíso que supimos absorber con una sonrisa de oreja a oreja pese a tener las piernas rotas de tanto subir y bajar. Porque esta ruta cubre una parte totalmente reformada de la muralla, pero también otra que casi no está reformada.
La parte final tuvimos que subir unos escalones escalando casi a 90º y bajar otro tanto, sin mencionar las cuestas súper empinadas y que menos mal que no resbalaban. Creo que pocas veces he sentido esa sensación de no poder para de hacer fotos, a cada torre que pasábamos (y fueron 17 o 18) foto, en cada curva, recoveco o cambio de luz porque iban llegando nubes que tapaban al sol. Y vaya si lo taparon, se avecinaba tormenta, la puerta a la que teníamos que llegar aún estaba a un par de kilómetros y para más inri cerraría en menos de 1h.
Así que el final fue casi sin parar (cosa imposible física y mentalmente por lo bonito de la zona). Fue salir de la puerta, entrar a los servicios y al salir empezó a jarrear como si no hubiera mañana. Pero a los 15 minutos escampó dejando la belleza de un par de arco iris que de camino a Gubei vimos superpuestos en la impresionante muralla.
Creo que no podíamos poner mejor broche al viaje. Tanto es así que sin hablarlo entre nosotros, los 4 de Shanghai (como le gustaba llamarnos a David) decidimos por separado poner esta visita a la Gran Muralla China como nuestro top 1 del viaje. Ahora os dejo con el top 3 de este viaje de cada uno.
Nuestros tops del viaje:
- Iván: 1. Gran Muralla, 2. Shanghai, 3. Likeng
- David: 1. Gran Muralla, 2. Fanjingshan, 3. Huashan
- Octavio: 1. Gran Muralla, 2. Huashan, 3. Zhenyuan
- Yo: 1. Gran Muralla, 2. Zhenyuan, 3. Shanghai

Y hasta aquí esta entrada sobre este diario de viaje por China. Espero te haya servido de ayuda. Para cualquier cosa puedes dejar un comentario o contactarme por las redes sociales. Recuerda que en mi cuenta de instagram puedes ver en destacados mi viaje en stories destacados a China. Y si te ha sido realmente útil puedes invitarme a un cafecito aquí.
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