
Contrastes vivos: de los pueblos de Guizhou al corazón de Chengdú (III)
Continúo con este diario en ruta con la reproducción de las siguientes newsletters que fui enviando durante mi ruta por China en 17 días. En concreto las tres siguientes que cubren el recorrido de Guizhou a Chengdú (China). En concreto visitamos las poblaciones de Tong’ren, Zhenyuan, Xijiang, Leshan y Chengdú. Tienes más información sobre estas newsletters en la entrada principal del diario de viaje por China.
Ancient cities (Newsletter VI)
Muy buenas, gentecilla.
Ciudades antiguas o poblaciones históricas podría ser la traducción de ancient cities. En China es bastante común que una gran ciudad haya crecido a partir de una ancient city, pero otras no se han desarrollado tanto como cabría esperar. En esta newsletter os voy a hablar de tres de estas poblaciones históricas que acabamos de visitar.
Tong’ren
La primera de ellas fue Tong’ren. Una ciudad-prefectura de algo más de 3 millones de habitantes. Estuvimos en ella tan solo una noche, ya que la usamos como base para ir a Fanjingshan como os conté en la anterior newsletter. Rodeada por un gran río, la parte antigua de esta ciudad tiene su atractivo. Un par de puertas permiten entrar en ella a solo peatones y motos eléctricas. Edificios antiguos típicos de madera con una iluminación de sus tejados de teja negra, varios templos, una pagoda en lo alto de una colina y un paseo junto al río son los mayores atractivos.
Las calles estaban bastante llenas de gente, muchos puestecillos de todo tipo y locales de restauración. De uno de ellos salieron un par de jóvenes con un menú y nos convencieron para cenar en su local. Todo un acierto, la verdad. Comida muy rica: una sopa al medio con ternera, tomate y tofu a la que podías ir añadiendo diferentes verduras. Cuando acabamos de cenar nos hicimos sesión de fotos con todos los trabajadores y nos regalaron unos botellines de agua. Gente muy agradable y sonriente como viene siendo la tónica en el viaje (quitando en las colas como ya sabéis).

Zhenyuan
Otra de las ciudades antiguas que acabaría convirtiéndose en una de las más bonitas que hemos visitado en todo el viaje fue Zhenyuan. De hecho retrasamos los billetes de tren del día siguiente para pasar más tiempo en ella. Zhenyuan es una ciudad pequeña de unos 200 mil habitantes partida en dos por el río Wuyang. Su parte antigua, también cerrada al tráfico, te atrapa con calles empedradas, casas blancas y tejados negros y algún que otro templo. Dos puentes parecen delimitar esta parte de la ciudad. A un lado una montaña coronada por una muralla y una pagoda, al otro el resto de la ciudad.
Si de día la ciudad ya es bonita de por si, de noche parece sacada de una novela. Las casas, que literalmente están pegadas al río, encienden sus farolillos rojos, las orillas del río se iluminan de diferentes colores y los locales de las calles aledañas se llenan de gente. Además las callejuelas laberínticas que hay hacia la montaña también tienen su atractivo y sus locales escondidos. Y para redondear, no encontramos hordas de turistas. Había turismo, sí, pero poco en comparación con lo que habíamos visto.
Una lugareña nos captó en la calle principal para ir a cenar a su restaurante a orillas del río. Allí pedimos el plato típico: pez gato (o similar) a la brasa con tofu en salsa. Tuvimos que elegir al pez de una pecera, lo pesaron y con un bate, pasó a mejor vida. A los diez minutos nos trajeron la suculenta cena, una de las mejores que recordamos.
También nos hicimos fotos con la señora, su hermano y sus hijos, todos sonrientes y agradecidos de haber comido en su local. No me canso de decir de lo bien que nos está tratando la gente. En el alojamiento de Zhenyuan incluso nos hicieron la colada de manera gratuita sin tener ese servicio

Xijiang
Xijiang es la última ancient city de la que os quiero hablar en esta newsletter. Se encuentra en la montañas de Leigong y es la población Miao más grande de la zona con 1200 casas de madera. La etnia Miao es el más grande de los grupos étnicos minoritarios en China que viven en el sur de China y sudeste asiático.
La belleza de Xijiang (casitas típicas de madera alrededor de un verde valle y terrazas de arroz y té) se ve un poco empañada por las hordas de turistas que hay en el lugar. Al menos las callejuelas dan un respiro, pero todo tiene un aire de pueblo conquistado por y para el turismo nacional. Porque esa es otra, en ninguna de estas tres ciudades hay turismo internacional. Sólo nos encontramos una pareja de occidentales uno de los días.

Pandas, budas y picante (Newsletter VII)
Hola, gentecilla.
Acabamos de visitar la región de Sichuan, famosa por las tres cosas que le dan título a esta entrega de la newsletter.
Chengdú (China)
Comienzo con los simpáticos animales de ojeras negras que parecen ser afables y torpes: los osos panda. Originarios de las montañas de esta provincia se han convertido en uno de los símbolos nacionales del país. El oso panda gigante es una especie vulnerable y por ello es muy complicado verlos en su hábitat. La mayoría de ellos viven en cautividad en centros de investigación y recuperación de la especie. Nosotros visitamos una de estas reservas en Chengdú, capital de la provincia y una de las 4 mayores ciudades de China.
La reserva de pandas que visitamos fue la más cercana a la ciudad. Lo que empezó con 6 pandas rescatados, es hoy el hogar de más de 100 pandas gigantes y 80 pandas rojos. Aunque los pandas son más activos por la mañana y nuestra visita fue al mediodía sí pudimos ver varios de estos animales. Un adulto durmiendo a pierna suelta y luego varios pandas jóvenes en el interior (ya que por el calor en verano suelen mantenerlos en interiores climatizados cuando la temperatura sube mucho).
La verdad que verlos jugar entre ellos te deja embobado. Podrías pasarte horas frente al cristal viendo como se muerden, empujan y torpemente caen. Al menos yo podría. También vimos pandas rojos que aunque se denominen pandas no son úrsidos sino de una especie diferente. Son como unos zorros gordetes con cola larga, esponjosa y anillada y una cara súper cuqui. Los que vimos estaban mucho más activos que sus gigantes compañeros.
Chengdú es una ciudad con mucha vida y ambiente joven, al llegar la tarde las calles se llenan aún más y todo el mundo sale a cenar fuera. Tiene un par de templos bastante visitados y una zona de calles peatonales turísticas con puestecillos y comercios de todo tipo. De nuevo el coche y las motos eléctricas suponen el 80-90% de los vehículos que ves por la cuidad y créeme que no son pocos.
A las afueras de la ciudad se encuentra el edificio más grande del mundo de 100m de altura y de 400m de largo y 500m de ancho. Es una locura, en su interior aparte de un par de centros comerciales tiene un parque acuático, una playa con piscina de olas, cines IMAX, una pista de patinaje sobre hielo y un largo etcétera. Un lugar curioso de visitar.

LeShan
El buda esculpido en piedra más grande del mundo se encuentra también en esta región a apenas 1h en tren rápido de Chengdú, en la ciudad de LeShan. Se trata del gran buda de Leshan, de 71m de altura y que se encuentra a orillas del enorme río Min. La zona donde se encuentra el buda es un barrio en la orilla este del río protegido al tráfico. Solo encuentras motos eléctricas y carricoches como los del golf, que usan los hoteles para transportar a los huéspedes por la zona (la que regentaba nuestro hotel estaba encantada con usar el suyo).
La zona fue una grata sorpresa, es tranquila con grandes y amplios paseos arbolados junto al río, que no sabemos si por ser domingo o por qué, no estaban muy abarrotados de gente. Y eso en China en agosto es raro. La verdad que disfrutamos mucho ya no solo del buda, que es impresionante, sino del resto del complejo con templos, jardines y pagodas. Y de pasear tranquilamente sin demasiadas hordas de chinos por todos los lados.
A la vuelta a nuestro hotel, cuando íbamos a acercarnos a la ciudad para cenar comenzó una tormenta con la que resultaba imposible desplazarse. Así que buscamos opciones por la zona pero no había nada. Al final la mujer que regentaba el hotel, siempre muy atenta, nos dijo de pedir comida a domicilio cuando había escampando un poco.Fue ella quien nos pidió la comida que llevamos a la habitación. Allí fue cuando nos dimos cuenta de que la comida de Sichuan pica, y mucho. Fue probar uno de los platos y a los 5 segundos notar un hormigueo en los labios que empezaban a dormirse.
No era un picor de fuego en la boca sino de te duermo la boca entera. Otro de los platos eran unas brochetas de verduras, carne y pescado que había que meter en una especie de sopa. Sopa que no era sino una balsa de cayena y otros pimientos picantes. Pero el hambre pudo al miedo a que nos durmiera algo más y al final terminamos con casi todo.
Todo pica en Sichuan, mucho o poco pero no hay nada que se salve ya que lo mínimo que va a llevar es pimienta. En el resto del país les gusta el picante, pero lo de esta zona es algo loco. Aún así probamos algún plato delicioso (ya escribiré algún día sobre comidas en China). Esa noche las tormentas me despertaron un par de veces. Los truenos eran tan potentes que hacían retumbar los cristales de la habitación. Al menos, esta vez nos pilló a cubierto y calentitos por el picante.

Cambio de tercio (Newsletter VIII)
Muy buenas, gentecilla.
Os comentaba en la anterior newsletter que el viaje ya había cambiado de tercio. Decía esto por dos razones: la primera que ya hemos echado un poco el freno al ritmo frenético de los primeros 10 días non-stop y la segunda porque las paradas que nos quedan en este viaje están en la mayoría de los itinerarios turísticos.
Llegado este punto me apetecía parar un poco a digerir todo lo vivido en estos días que me han llevado del este al oeste del país por la zona digamos sur. Hemos visitado ciudades inmensas y pueblecitos perdidos alejados de grandes urbes. Han sido muchos kilómetros, que si saco tiempo y ganas calcularé, varios trenes, taxis, metros y autobuses.
Hemos aprendido a usar el teléfono para todo, desde comunicarnos con los traductores hasta para comprar en un puestecillo ambulante. Y es que sin móvil y acceso a internet esta parte del viaje no habría sido tan cómoda. Pero estoy seguro que aun sin entendernos la amabilidad y las sonrisas de los chinos nos habrían ayudado de una u otra manera. La tecnología simplemente nos ha facilitado las cosas.
De todas las personas que nos hemos cruzado en esta parte del viaje (que son muchas) creo que habremos visto menos de media docena de occidentales y de los lugareños tan solo tres o cuatro personas nos han hablado en inglés. Una de ellas fue una estudiante que estaba sentada en el asiento de al lado en el tren.
Con un inglés macarrónico y algo de ayuda del traductor pude conversar con ella los 30 minutos de trayecto. Intercambiando opiniones de la cantidad de chinos, de lo masificado de algunos puntos turísticos y de sus estudios y mis viajes. Y es que aunque hayamos tenido mucho tren, hemos podido absorber un poco más de sus costumbres y cultura. Diferenciar a gente de las grandes ciudades y aquellos de zonas más rurales e incluso algún acento o dialecto diferente.
Las decenas de fotos que nos han hecho y toda la ayuda que hemos recibido muchas veces incluso sin preguntar dan cuenta de que en general, y digo general por el tema de las colas, nos han tratado muy bien. Y esto es algo que valoro mucho en mis viajes.
Otra de las cosas que valoro es la comida, la cultura gastronómica de cada país que visito. Haber parado en varias provincias (5 en esta parte del viaje) al final también nos ha permitido probar diferentes platos y consumir parte de su cultura. Hay platos que están por todo el país como los omnipresentes noodles, pero también hay infinidad de platos únicos de cada zona. Hemos comido muy bien y variado con muchas opciones a elegir.
Releyendo todo este texto pareciera que no quedara una semana más de viaje. No es así, estoy seguro que esta semana será igual o más enriquecedora que esta primera parte del viaje. Como también estoy seguro que esta «división» no es solo prejuicios míos. Pero tiempo al tiempo.

👉 Sigue leyendo: Entre guerreros y montañas
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