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Pan in Japan: Shinkansen, Ramen to Onsen. Día 4: Kanazawa

INMERSIÓN JAPONESA: SHINKANSEN, SHIRO TO ONSEN

Hoy dejaríamos Tokyo atrás para empezar a hacer uso del JRPass en un tren bala hasta Kanazawa, nuestro próximo destino. Con el pase simplemente tienes que enseñarlo al entrar a los andenes por la zona de oficinas (generalmente señalada como JRPass entry) porque hay tornos y el pase no funciona en estos. Se supone que deberías enseñar el pasaporte también (ya que el pase es personal) pero en todos los días que lo utilizamos no nos lo llegaron a pedir. Puntual como un reloj alas 10:24 apareció nuestro Shinkansen o tren bala. En el andén está muy bien explicado dónde van a parar los diversos vagones y dónde esperar para no molestar a los que salgan, es todo muy visual. Como teníamos el asiento y vagón reservado pues ningún problema, si no pues toca ir a los vagones de sin reserva y que suene la flauta. El tren es muy cómodo, con mucho espacio y con grandes ventanales para ver el exterior. Nosotros aprovechamos para desayunar e ir organizando lo que íbamos a ver en Kanazawa.

Esperando al Shinkansen/Ya acomodados

Llegamos a Kanazawa a la hora prevista y nada más bajar nos sorprendió la arquitectura de la estación:  una cúpula muy grande de metal y cristal y una especie de pórtico gigante de metal. Una vez fuera lo que nos llamó la atención fue la cantidad de trabajadores que había recortando y «poniendo bonitos» unos cuantos árboles, pero en plan 3-4 por cada arbolito y es que en Japón todo tiene que estar impecable. Después de hacer el check-in en nuestro hotel comenzamos la visita a la capital de la prefectura de Ishikawa. Situada al noroeste de Honshu (así se llama la isla principal de Japón), no muy lejos de los Alpes japoneses y cerca de uno de los destinos turísticos más conocidos: Shirakawa-go, al que teníamos pensado acudir al día siguiente. Pero este día lo pasaríamos visitando la ciudad así que vamos a ello.

Kanazawa Station (Fuera/Dentro)

Nuestra primera visita turística fue al Santuario de Ozaki, data del siglo XVII y si estás por la zona pues no cuesta nada una visita, aunque tampoco es nada del otro mundo (¡será por santuarios en Japón!). Nuestro destino era la zona del parque del castillo con varios jardines y por supuesto un castillo. La zona es bastante grande y el primer jardín que visitamos el Gyokusen’inmaru es toda una belleza. Se cree que fue el jardín privado del señor feudal de la época y que no estaba abierto a invitados. El jardín quedó abandonado durante medio siglo y no fue hasta 2013 cuando empezaron las obras de reconstrucción. A mi me pareció una belleza en la que quedarte pasamado durante horas y horas.

Santuario de Ozaki
Fer en el Gyokusen’inmaru

De allí seguimos caminando cuesta arriba hasta una
explanada enorme como a la parte trasera del castillo. Se pueden
visitar los exteriores del mismo sin pagar y también hay una entrada
conjunta para visitar el interior y los jardines de Kenrokuen, que sin
duda no debes perderte. Nos decidimos por coger esta entrada conjunta y
no nos decepcionó. Era nuestra primera visita a un castillo japonés, que
nada tienen que ver con las fortificaciones castellanas a la que
estamos acostumbrados. El castillo ha sufrido varios incendios pero está
prácticamente reconstruido. Al entrar hay que descalzarse para andar
por los impolutos suelos de madera. Las salas están casi vacías, solo
hay paneles explicativos de su historia y reconstrucción y algún que
otro artilugio. Sin duda la visita hará las delicias de cualquiera
interesado en la arquitectura. Se puede subir a lo alto de las torres y
disfrutar de las vistas del jardín exterior a través de los pequeños
ventanucos, no dejes de hacerlo si el día está claro ya que las vistas
son preciosas.

 

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Explanada del castillo

La impoluta madera

Vistas desde las torres

El exterior no es menos impresionante y el día acompañaba, así que para ser nuestra primera experiencia en un castillo japonés quedamos bastante satisfechos. Aunque el hambre apretaba un poco no quisimos parar y decidimos seguir la visita turística, esta vez caminando hasta el Kenroku-en. Es considerado uno de los jardines de exteriores más bonito del país y la verdad que una vez dentro sabes por qué. Aquí el gentío de turistas multiplicaba a la gente que nos habíamos encontrado en nuestra visita al castillo, pero aun así se pudimos disfrutar de lugares tranquilos, ya que el jardín es bastante grande. Está inundado de cuidados árboles, flores, puentes, lagos, pequeños riachuelos y cascadas, ¡toda una delicia para la vista! Quizás de las cosas más llamativas son las protecciones que algunos pinos tienen contra las fuertes nevadas. Estas protecciones consisten en una especie de lianas que sujetan las ramas como si de una sombrilla se tratara.

En el exterior del  castillo
Kenroku-en
Un lago a modo de espejo
Los sujeta-ramas

Tras perdernos entre los recovecos del jardín,
relajarnos con el sonido del agua y los colores verdes, decidimos ir en
busca de algo que echar a la boca. En una de las salidas encontramos un
restaurante/salón de té que parecía abierto así que decidimos probar
suerte (lo tienes marcado en el mapa del final). Yo me decidí por el
plato típico de la zona que se llama jibuni, una especia de sopa densa
con pato, verduras y hortalizas. Fer se decantó por un delicioso curry
japonés. Para cuando salimos al exterior el sol ya estaba cayendo y los autobuses turísticos desaparecidos. En vez de volver al hotel a descansar un rato decidimos descansar, sí, pero en un onsen.

Jibuni (izqda) y Curry Japonés (dcha)

Para quien
no lo sepa, onsen son los baños termales típicos japoneses que sin duda
recomiendo al 100%. Eso sí, no apto para pudorosos y ahora explicaré el
porqué. El Kenroku Onsen (así es como se llama al que fuimos) está un
poco apartado y no es muy grande, pero sin duda para relajar es
suficiente. Es barato (unos 4€ al cambio) sin límite de tiempo. Además
acepta a gente con tatuajes, muchos onsen no aceptan así que si tenéis
alguno es conveniente comprobarlo antes por internet. A la entrada
tienes unas taquillas para dejar las cosas de valor y una cesta donde
dejar el calzado. La mayoría de los onsen separan los baños por sexos
así que no te vayas a confundir y acabes en el lado equivocado. Una vez
dentro de la sala ya hay unas taquillas más grandes donde dejar toda tu
ropa. Una vez desnudo tienes que ir a unas sillitas de plástico frente a
una especie de mini duchas/lavabos y lavarte bien con jabón. Luego una
vez enjuagado ya puedes entrar a la zona de baño. En este onsen había
una piscina interna y una exterior, es otra cosa a mirar, si tiene
piscina exterior vas a disfrutar el doble. Por si no os habíais dado
cuenta, en los baños uno se mete desnudo y va por la zona de baño
totalmente desnudo a excepción de una pequeña toalla que no se debe
meter en el agua (o sobre la cabeza o al borde de la piscina). Como os
podéis imaginar la relajación del exterior y el agua caliente es una
combinación magnífica.

 

Entrada a un Onsen: mujeres a la izquierda (en rojo) y hombres a la derecha (azul) (crédito)

La noción del tiempo dentro de un onsen es bastante laxa por lo que conviene echar un ojo a algún reloj que haya o preguntar dentro si es que tienes algún plan posterior. Como nosotros no teníamos pues tampoco nos preocupamos mucho. Salimos ya con la noche cerrada y ambos con ganas de refrescarnos con una buena cerveza. Para ello fuimos al Oriental Brewing una cervecería de cervezas artesanas que la verdad está bastante bien, eso sí, nada barata. Para cenar decidimos acercarnos a la zona del hotel y tras probar en varios sitios (o bien cerrados o bien llenos) dimos con un restaurante que recuerdo con especial cariño. Simplemente lo recuerdo con cariño porque me pareció un lugar tan familiar y entrañable y cenamos tan bien que fue toda una experiencia. Era un restaurante de tempura y sin dudarlo fuimos a por el menú que tenían ya hecho. Ver cómo te cocinan todo delante de tí y que luego puedas degustar que se trata de género de calidad pues la verdad que es difícil de olvidar. Sin duda un buen broche final al día. Al final del capítulo encontrarás el mapa con la localización del restaurante y del resto de lugares visitados.

Parte de nuestro menú tempura
El cocinero / Clientes satisfechos a la puerta

Mapa del Viaje (Itinerario, restaurantes, alojamientos, pubs, lugares de interés)

En este mapa podrás encontrar todos los lugares de los que hablo y localizarlos en el mapa. Para
disfrutar en su totalidad recomiendo abrirlo en página
completa donde podrás elegir las capas que quieras y así te será más
fácil navegar por él.

Itinerario 

Pinchando en ellos accederás al capítulo correspondiente del diario de viaje.

Introducción y Prólogo

Día 1. Tokyo

Día 2. Tokyo

Día 3. Tokyo

Día 4. Tokyo-Kanazawa

Día 5. Kanazawa-Kurobe-Kanazawa

Día 6. Kanazawa-Kyoto

Día 7. Kyoto-Miyajima-Hiroshima-Fukuoka

Día 8. Fukuoka

Día 9. Fukuoka-Osaka

Día 10. Osaka-Nara-Kyoto

Día 11. Kyoto

Día 12. Kyoto

Día 13. Kyoto-Gora

Día 14. Gora-Hakone-Gora

Día 15. Gora-Tokyo

Día 16. Tokyo

Dia 17. Tokyo-París-Dublín

2 Comments

  • Ali Momentos de Evasion

    ¡Que me gusta Kanazawa! Tenía muchisimas ganas de ver esos jardines, y me quedé con ganas de incluso más! Los barrios de geishas y samurais también me gustaron mucho más que los de Kyoto por ejemplo – muy masificados! Los onsen fueron toda una sorpresa, no imaginaba que iba a disfrutar tanto de los baños 🙂 Y se viaja genial en los trenes de Japón. A ver que nos traes en el próximo capítulo!
    Saludos!

    • Pando_DePuntaAPunta

      A mi Kanazawa me encantó, en el próximo capi un poco más de la ciudad así que no adelanto nada. La verdad que los jardines son una pasada. Gracias por pasarte a comentar,
      ¡Saludos!

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