
Sintra: palacio y castillo. Entre Cegonhas e Meadeiros do Pared
En este día teníamos planeada la visita a la zona de Sintra. Allí visitaríamos su palacio y su castillo. El palacio da pena y el castillo de los moros. Por falta de tiempo no nos dio tiempo a visitar la Quinta da Regaleira. Así que como en todo viaje que se precie, siempre hay que dejar un pendiente para volver. Espero os guste.
Capítulo 4: Y nos quedamos con ganas de más
Amanecimos a la hora estipulada (más o menos, tampoco hay que ser tikis-mikis) y fuimos a engullir de nuevo el tan ansiado y opulento desayuno. Por supuesto hicimos honor a nuestra condición de gordos y engullimos cantidades ingentes de comida. En este viaje nos acompañaría Carol, durante el desayuno y después hablamos con gente del albergue así como con la chica que lo llevaba y nos recomendó que si teníamos tiempo que nos acercáramos a la Quinta da Regaleira, cosa que al final no pudimos hacer, una excusa más para volver.
Salimos los cuatro hacia el bólido, nos montamos y con los itinerarios en mano hice de buen copiloto y pillamos la carretera hacia Sintra sin problemas. Por el camino pillamos un poco de atasquillo, pero tampoco excesivamente. El viaje era relativamente corto y pronto divisamos el pueblo de Sintra, nuestro destino era el palacio da pena, así que fuimos hacia allí. El paisaje era brutal, precioso, todo verde entre frondosos bosques, la escasa luz que los árboles dejaban pasar hacía que pareciera todo aún más ambientado, era como viajar en el tiempo donde las grandes civilizaciones no existían…
Después de unas cuantas subidas y bajadas llegamos hasta un aparcamiento cercano a la entrada al palacio, pero estaba lleno, así que salimos y por suerte encontramos sitio en la carretera. Cámara en mano empezamos a hacer las primeras fotos del palacio, desde abajo tenía muy buena pinta.

Palacio da Pena
Nos encaminamos hacia la cola para pillar la entrada, al final decidimos pillar la entrada conjunta con el castillo dos Mouros que salía más económico, aún así fue más caro respecto a lo que ponía en la travel del 2005. En la cola encontramos a la mujer elástica, que parecía que tuviera 200m2 más de piel, que asquete diosss!!
Entramos y dentro te cobraban no sé si 3 euros por montarte en un tren que te subía hasta la puerta del palacio, vamos una timada en toda regla. Nosotros por supuesto decidimos subir andando, contemplando el inmenso bosque que precedía al palacio.

Entre verde y más verde, alcanzamos la cima y allí se erigía el extraño Palacio da Pena. La arquitectura del mismo es indescriptible y el juego de colores y formas sorprende y agrada a cualquier visitante. Empezamos a hacer gran uso de las cámaras y poco a poco fuimos entrando en el palacio. Nos metíamos en todos los recovecos y cuanto más subíamos mejores vistas había de la zona que dejábamos abajo.

Visitamos todos los patios y escondrijos y entramos a lo que es la visita a las habitaciones y tal que venía con la entrada completa. No está mal, pero no merece la pena, son muebles de época y habitaciones cañajas. Aunque no se podían hacer fotos, alguna que otra sí que se disparó por arte de magia xDDD.

Castelo dos Mouros
Cuando ya terminamos de ver todo y nos cansamos, volvimos por donde habíamos entrado y pusimos rumbo al castillo de los moros, pero esta vez sin mover le coche, a hacer un poco de pateo. Por el camino unos bollos cagaos (boy scouts de esos) nos preguntaron si veníamos del convento os capushos (léase con acento portugués) yo les remití a Carol para ver qué decían y cuando dijeron lo del convento me apiadé de ellos porque estaba bastante a tomar por culo.

Había un pequeña caminata hasta el castillo entre árboles y piedras y al fin llegamos a la puerta, donde nos cortan la entrada. Antes de entrar por el camino hay un par de almenas y algo de muralla que se puede visitar gratuitamente, pero recomiendo a todo el mundo que entre a verlo porque es una pasada. La muralla del castillo se conserva intacta, ya que éste no fue atacado. Es una muralla enorme por la que puedes pasear tranquilamente de una punta hasta la otra, las vistas eran más que impresionantes. Se veía todo el parque natural se Sintra, se intuía la quinta da regaleira y el convento de los capuchos, todo entre verde y montañas.

Recorrimos la muralla de cabo a rabo menos martika, que estaba cansada y decidió quedarse en el patio de armas ya que además hacía mucho viento y frasquete. Lo del viento era brutal, daba miedo a veces caminar entre las piedras ya que parecía que te iba a tirar. Llegamos a la otra punta de la muralla y la verdad que mereció la pena la pateada y la lucha contra eolo, porque desde allí las vistas también eran cojonudas.

Vuelta a Lisboa y Badajoz
Intentamos tardar poco para que martika no se aburriera mucho, bajé yo el primero y estaba hablando por el móvil, no sé si con desty o yenisey. Ya nos arrejuntamos todos y al coche de nuevo.
Llegamos hasta el pueblo buscando para aparcar y lo hicimos al ladito del centro. En frente unas esculturas extrañas, idóneas para hacer el tonto. Con la prisa que nos metió la del hostal no nos daba tiempo a otra cosa nada más que a buscar un sitio para zampar y pirarnos. Y así fue, al ladito del coche pillamos unas hamburguesas y poco más, comimos y de vuelta a Lisboa.
Allí dejamos a Carol, nos despedimos de ella y pusimos rumbo a tierras pacenses. Esta vez el tiempo acompañaba y no tuvimos que sufrir ningún piscinazo ni nada por estilo. Por el camino hablamos y todos coincidíamos en que una semanita por el parque natural de Sintra sería la hostia, aparte de la quinta da regaleira, el convento de los capuchos y demás, tiene que molar la costa y cosillas que hay por ahí. Apuntado quedó en futuribles.
Al rato pusimos rumbo a Badajoz donde pasaríamos la noche y vendría dea a nuestro encuentro. Estábamos cansados y la verdad que no hicimos mucho esa noche, un paseo, cena y de charleta en nuestro alojamiento.

Entradas del diario de viaje
- Prólogo
- El parque de Monfragüe ocupa la mitad de la geografía española
- Navegarás por las autopistas lisboetas
- Cómo ejercer de líder y hacer que tus pies te odien
- Y nos quedamos con ganas de más
- Todo llega a su fin
Hasta aquí este segundo capítulo del diario. Espero te haya gustado y estés por aquí para leer el siguiente. Si te gusta este formato de diario de viaje tienes más recogidos en este enlace. Ya sabes que puedes invitarme a un cafecito aquí.


