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Cáceres de Pasada. Entre Cegonhas e Meadeiros do Pared.

Aquí da comienzo el primer capítulo del diario de viaje «Entre cegonhas e meadeiros do pared». En este capítulo ponemos rumbo a Extremadura. Concretamente visitaremos Cáceres de pasada. Vamos al lío.

Capítulo 1. El parque de Monfragüe ocupa la mitad de la geografía española

El día de S.Pacomio el Joven a media tarde teníamos prevista la salida hacia la ciudad de Cáceres. Pepe era el último en salir del currele y finalmente nuestro conductor, debido a una baja en un seguro de otra que se vino al viaje con nosotros xDD.

Después de comprar y preparar los víveres, sufrir con el peso y llegar al metro alto de extremadura por fin llego nuestro cooonductor cooonductor (viiiva nuestro coooonductorrrr)…rápidamente dejamos las mochilas en el maletero y nos introdujimos en el apasionante mundo del Xantia. Dudamos de pillar autopista de pago o no, pero al final tiramos por la A5…suerte que no pillamos nada de atasco.

Camino de Cáceres

El tiempo cambiaba constantemente de sol a nubes, algo de lluvia y vete a saber si también de temperatura. Todo el viaje estuvo amenizado gracias a mi pelota musical (no seáis guarros), un altavoz con forma de pelota activado vía bluetooth por mi móvil (que no creáis pero en 2008 esto era la hostia). Los paisajes se fueron sucediendo hasta entrar ya casi en tierras extremeñas, donde exclusivamente había dehesas con encinas, ¡la de gorrinos negros que tiene que haber por ahi!!

Seguíamos avanzando kilómetros y pasando salidas y más salidas, hasta que vimos el primer cartel del parque de Monfragüe (buitres negrosss), pensamos estar cerca ya de Cáceres, pero no más lejos de la realidad. Cada 20km cartelito de Monfragüe, así nos dimos cuenta que el susodicho parque ocupaba en extensión lo que 3 campos de fútbol de Oliver y Benji, no sé si nos dará por visitarlo algún día, pero vamos para verlo bien creo que con 1 mes de vacaciones igual es suficiente, por ahí andará.

Pronto (por decir algo) llegamos al cruce donde se separaba la autovía a Badajoz de la carreterucha a Cáceres, que están convirtiendo en autovía pero parece que poco a poco, no sé si llevaban 2 o 3 km. Por la nacional ya sí que nos quedaba poco (de verdad) para llegar a la capital cacereña, y al fin veíamos Cáceres al fondo.

Casco antiguo de Cáceres

Llegada a Cáceres

Ataviados de mil hojas de la «vía michelín» al final entramos en la ciudad (o pueblo?) al tuntún, dimos un rodeo bastante majo ya que al estar en un monte pues nos gustó visitar todas las vertientes del mismo. Una vez dada la vuelta de 360º (ni uno más ni uno menos) nos adentramos en el peligroso mundo de ir hacia el centro del monte.


Tras pasar trasgos, píntigas e meigas, todo tipo de animales bíblicos y degenerados (que ida de olla por dioss) cuestas por las que, atentos amigos, sólo cabía un coche y eran de doble sentido!! Qué atrocidad…después de todo eso, al fin alcanzamos los aledaños de una Iglesia que parecía estar cerca del casco histórico. Como si tuviéramos una flor en el culo, no por el olor de nuestros pedos sino por nuestra suerte (k_lero si lees esto apúntate la chorrada) aparcamos ahí delante, sí justo delante de donde estás pensando, debajo de una casucha vieja y en frente de la Iglesia anteriormente nombrada y otro edificio que parecía ser algo, ya que enarbolaba alguna bandera nacional.

Después de que la señora martika hiciera sus necesidades entre dos coches y tras coger lo indispensable para dar un rule a la city, nos pusimos a lo nuestro: patear. Lo primero que hicimos (tranquilos que el coche lo dejamos bien cerrado) fue bajar hasta la Iglesia y echar nuestras primeras fotos, animados por una corte de miles de millones de cigüeñas (o más, no las conté la verdad) que no hacían más que crotorar, ¡cómo mola ese sonido!
Pasamos de nuevo por delante de nuestro bólido y seguimos la dirección de la cuesta porque nos gusta escalar, de pronto nos topamos con una de las entradas al casco histórico de la ciudad. ¡Qué jefazos, aparcados a las puertas del centro y sin ser zona azul!

Pateando Cáceres

Había un panel explicativo de los puntos turísticos y de la organización del casco histórico. Cruzamos la «puerta» y aparecimos en un pueblo medieval al que solo le faltaba el bullicio de la gente y el mal olor de las calles típicas de aquella época. ¡No había ni un alma! Solo nos cruzamos con un grupo de turistas que parecía que estaban terminando su visita.

Dimos vueltas y nos perdimos por el entresijo de callejuelas y edificios medievales de Cáceres, a mi me pareció un casco histórico precioso, lleno de callejones y lugares sacados de libros de historia antigua. No tardamos mucho en recorrernos todo el casco, lo que en principio iba a ser una toma de contacto con la ciudad antes de ir a la pensión se convirtió en un hemos visto ya todo el casco histórico y nos queda de ver la plaza mayor. Plaza en la que estaba nuestro albergue y que atisbamos desde lo alto de una escalinata.

Volvimos al coche a por las mochilas y lo necesario para pernoctar, no tardamos mucho en llegar a la pensión, para ser exactos unos 5 minutos. Entramos e hicimos todo el check-in, subimos a la habitación donde nos pusimos a cenar y a entablar conversaciones varias por móvil con familiares y allegados.

Una vez llena la panza buena es la cerveza (vaya dicho que me acabo de inventar) así que dicho y hecho, bajamos a la calle y nos metimos por una calle comercial y encontramos un bareto donde cayó nuestra primera cervezuela con tapa incluida. Luego dimos una vueltecilla y gracias a tripodín pudimos hacer una par de foteles en la plaza mayor donde saliéramos el trío calavera.
Después de pillar mi neceser del coche, decidimos que lo mejor era ir a un pub a sacarlo de marcha dentro de la mochila-bolso de martikulis. Ahí nos bebimos nuestras cervezotas a ritmo de buena música rockera (la sub 1 un kali). Martika aliñó un cigarrito y de vuelta a la pensión, que estaba justo encima, a sobar para mañana levantarnos relativamente temprano y poner rumbo a Mérida.

En la plaza

Entradas del diario de viaje

Hasta aquí este primer capítulo del diario. Espero te haya creado el «hype» necesario para seguirlo. Si te gusta este formato de diario de viaje tienes más recogidos en este enlace. Ya sabes que puedes invitarme a un cafecito aquí.

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