Monasterio de los Jerónimos, Lisboa
Viajes,  Europa,  Portugal

Lisboa en un día. Entre Cegonhas e Meadeiros do Pared

Amanece sobre las calles lisboetas, nos esperaba un día lleno de descubrimientos. En este tercer capítulo del diario de viaje, exploraré la magia de Lisboa en un día, desde sus encantadoras callejuelas hasta sus impresionantes vistas panorámicas. Quédate y descubrirás joyas de la ciudad como el barrio de Belem y la Alfama. Así que sin más dilación: Lisboa, aquí vamos.

Capítulo 3. Cómo ejercer de líder y hacer que tus pies te odien

Era hora ya de levantarse, que nos esperaba el desayuno gratuito en el salón…Nos levantamos y anonadados nos hallamos en aquel momento. Fue mirar la mesa comedor y la boca se nos hizo agua al instante, ¡eso sí era un desayuno en condiciones! Había todo lo que podríais esperar de un buen desayuno: bollería, zumos, leche, cola cao, embutido, pan de molde…así como café, diferentes tés y lo mejor de todo una amabilísima dueña del hostel que ejercía de mayordomo.

Como buenos comensales engullimos y engullimos, dejando pasar 3 generaciones de “desayunadores” mientras nosotros seguíamos a lo nuestro. Una vez llenada la panza tocaba el turno a prepararnos para visitar la capital lusa.

La torre (y yo)

Barrio de Belem

San Posidio fue quien nos iluminó aquel día, un día perfecto, temperatura agradable, sol y alguna que otra nube. Nos dirigimos hacia la Praça da Figueira donde debíamos pillar el tram que nos iba a acercar hasta el barrio de Belem. Entramos en un estanco a pillar los billetes (pillamos el billete de un día todos los viajes que te dé la gana) y de paso echamos un euromillones, que oye ¿por qué no nos iba a tocar?
Praça da Figueira

Salimos y esperamos a que viniera el tram, marabunta de gente estaba haciendo lo mismo que nosotros, esperar a ese tram. Al final llegó, nos montamos como pudimos y acabamos bastante apretujados. Había unos cuantos españoles y se oía todo tipo de conversaciones, lo que hizo empezar a desvariar sobre la gente que teníamos alrededor. El tren transcurría pegado al Tejo, era un trayecto larguito ya que el maldito barrio estaba en la otra punta. La mayoría de la gente se bajó en el Monasterio de los Jerónimos, nosotros lo hicimos más adelante, en la parada más cercana a la Torre de Belem. Andamos hacia el río y tuvimos que cruzar una carretera por encima de un puente que parecía de los años 20…al fondo veíamos unas pelotas naranjas (como boyas de mar) que rodeaban lo que parecía ser la torre.

Torre de Belem

Nuestra vista esta vez no nos engañó y esas cosas horribles estaban rodeando la torre de Belem, pero por dios quién había sido el listo que había colocado eso ahí, que broma de mal gusto para el turista. Parecía como si la torre fuera a elevar el ancla, soltar marras y salir flotando por el Tejo ayudado por las cosas naranjas…simplemente atroz.

Una vez “admirada” y tras unas cuantas foteles, cruzamos el puente que lleva hasta la puerta para ver cuánto costaba entrar. La poca altura de la torre, el no saber lo que había dentro aparte de las dudosas vistas y el precio, hizo que decidiéramos pasar de entrar. Más foteles por fuera, y a seguir caminando esta vez hacia la torre del descubrimiento.


Intentamos llegar pegados al río, pero fue imposible ya que se adentraba un mini puerto y deberíamos rodearlo, o eso o pegar un mega salto y llegar al otro lado. Como el botón del turbo boost lo habíamos dejado en el coche pues elegimos la primera opción. Pasamos al lado de un museo de no sé qué y varios restaurantes, estaba todo bastante vacío y algunas cosas parecían incluso abandonadas. Al otro lado de la carretera teníamos un museo de arte moderno y a su derecha ya se veía el Monasterio de los Jerónimos.

Martukens y la torre del descubrimiento

Torre del descubrimiento

Llegamos a los pies de la torre, esta vez una torre que posiblemente doble en altura a la de Belem y que esta vez sí decidimos subir a contemplar las vistas que tenían pinta de ser bastante buenas. Dicho y hecho, pagar (mucho más barato que la torre de Belem), pillar el ascensor, subir unas escaleras y en lo alto estábamos. La verdad es que las vistas merecen mucho la pena, te haces una buena idea de Lisboa desde esa parte y el monasterio de los Jerónimos y la bonita estampa de la plaza donde está la torre pues embellecen bastante.

Nos quedamos un rato de foto en foto y tomando el Sol, hasta que decidimos bajar, en uno de los pisos intermedios había una exposición del tráfico de especias y todo lo concerniente al descubrimiento de américa, hicimos un poco el tonto por las salas, catamos las especias de las vitrinas y nos tiramos en unos sofás a tomar café de máquina. Salimos de la torre para cruzar la carretera por un paso inferior y llegar hasta el monasterio. Una vez allí nos encontramos con un buen grupo de chavalillos que estaban en su hora de la comida.

Museo Coleccción Berardo

En una revista habíamos visto que el museo no se qué tenía una exposición gratuita, en la torre de Belem había flechas indicando ese museo, así que sin comerlo ni beberlo estábamos en el museo que era gratuito: museo colección Berardo. Era de Arte moderno, nos acercamos y tras caminar un rato encontramos la puerta. Delante de ella había una escultura hecha con botellas de vidrio verde vacías, bastante chula la verdad.

Una vez dentro dimos un voltio y no estaba mal la verdad, a destacar un mural con una especie de grafiti súper chulo, unas cuantas fotos en blanco y negro increíbles y un par de esculturas y cuadros que llamaban la atención. En la exposición había cuadros de Dalí, Picasso…Llegamos a la zona de Pop Art y una escultura de un hombre y una mujer desnudos estaba en el centro, una escultura muy real, como si fueran del museo de cera. También una habitación llena de losas de diferentes colores que invitaba a sentarte en uno de sus bancos centrales a desvariar.

Museo Berardo

Monasterio de los Jerónimos

Ya una vez fuera nos acercamos al Monasterio de los Jerónimos, pero decidimos no entrar para no acusarlo demasiado económicamente. Dimos un rule por sus preciosas fachadas y nos hicimos unas cuantas foteles. Fue el momento de ir a la famosa pastelería de Belem a por uno de sus típicos pasteles, había gente pero se despachaba rápidamente, con lo cual no tardaron mucho en servirnos nuestros 3 pastelitos con unos sobres de azucar glass y canela…Salimos a la parada del tram y no pudimos resistir la tentación de engullir los pastelitos, por diosss que bueno estaba!!!No recuerdo mejor pastel en mi vida, nos dieron ganas de volver y pillar cantidades ingentes pero llegó el tram y volvimos hacia el punto de partida…

Monasterio de los Jerónimos desde la torre

Barrio Alfama

Esta vez paramos en la Praça do Comercio para andar un poco más y empezar a perdernos por el entramado de callejuelas del barrio de la Alfama. Y así fue, calles, cuestas y escaleras, todo pisos alrededor como si fueran las paredes de un laberinto, ¿estábamos en Lisboa o eso era otra ciudad? Estábamos ya hambrientos y llevábamos una pequeña pateada ya encima, queríamos buscar un restaurante que recomendaba alguien en el foro, pero el hambre pudo con nosotros y acabamos en una terracilla que no tenía mala pinta.

Como es típico por allí nos sirvieron 3 “tapas” que para el que no lo sepa te las cobran luego en la cuenta. Nosotros solo cogimos un par de ellas ya que había gazuza y joder con las tapitas, una de 4 embutidos nos clavaron la vida…en fin, para otra vez habrá que aguantar el hambre. Pedimos cada uno un plato diferente y unas cervezotas para acompañar. La verdad es que estaba bastante rico todo y de precio no salió muy caro si no hubiera sido por la mierda de las tapas xDD.

Pasamos un poco la comida allí sentados viendo cómo un guiri se bebía una jarraza de las grandes de vino tinto y como una marabunta de rubias se sentaba a comer…dieron bastante juego porque la verdad es que eran unas cuantas y creo recordar que solo había una que no fuera horrible. También una pareja nos amenizó la comida intentado descifrar qué idioma hablaban, yo dije catalán pero al final no sé lo que eran. Ya reposados proseguimos dando una vuelta por el barrio.

La verdad es que fue un barrio que me encantó se respiraba otro ambiente y callejear por allí sin saber a dónde ir fue una cosa que me encantó. Ese barrio por la noche tenía que tener un aspecto bastante diferente, una pena no lo visitáramos. Ya cuando los subs me miraban mal por no hacer más que subir y callejear, decidimos bajar y salir del barrio…

Preciosa calle de la Alfama

Parque de las Naciones

Libres de la opresión de las pequeñas calles planteamos lo que hacer. Yo por supuesto tenía más ganas de ver cosillas y ya que habíamos pillado el billete del día pues propuse ir a la zona de la Expo, a la Lisboa moderna. Parece ser que me hicieron caso, pese a que la opción descansar en el albergue e ir al castillo era más jugosa, y esperamos al bus que nos llevara hasta allí. Tardó la vida y más en llegar y luego encima iba hasta el ojete de gente, el trayecto era largo ya que estaba en la otra punta casi en el puente Vasco de Gama, cuando más o menos hubo pasado el tiempo que habíamos calculado nos fuimos fijando donde parar. Aunque Pepe dijo de bajar en una, al final bajamos en la siguiente, que resultó ser la parada adecuada, como la chispa de los héroes.

Estábamos en una estación de trenes y buses súper moderna, desde allí se veía un sinfín de edificios modernos estilo La Defense en París, rescatados de la exposición universal, vamos tan bien aprovechados como en Sevilla xDDDD. Había mogollón de ambiente, cruzamos la carretera y nos topamos con un centro comercial muy chulo, paseamos por dentro de él para ir hacia el río y la torre Vasco de Gama. Llegamos al Tejo pasando por una estatua paranoica pero que nos gustó a los 3 y nos sentamos en el paseo debajo del teleférico que unía la Torre con otro sitio, la verdad es que era un trayecto bastante corto.

Moderna estación de tren

Llegamos a un parque instrumental, donde las piedras y otros elementos que no son para nada instrumentos convencionales, estaban puestos de tal forma que sonaban como instrumentos: xilófonos, gongs…Por supuesto como si fuéramos niños de 2 años nos dedicamos a tocar todos y cada uno de ellos, entreteniéndonos más en el de saltar (ver documento gráfico)…como molaba ese miniparque!!!

Después de un buen paseo entre edificios y estructuras modernas decidimos volver de nuevo al centro de Lisboa para visitar esta vez el Castillo. La zona de la expo es una visita que recomiendo a todo el que vaya a Lisboa, la belleza arquitectónica y el contraste con el resto de la ciudad es impresionante.

El Tejo a su paso por el Parque de las Naciones

Castelo S. Jorge

El bus no tardó mucho en llegar, los que tardamos fuimos nosotros en encontrar la parada adecuada. Cruzando un paso de cebra nos dieron unos silbatos de una promoción de no se qué que animó nuestras ganas de hacer más aún el gilipollas, pues nada a pitar y a hacernos fotos en medio de la carretera!!

Al fin llegamos a nuestro destino, pero aún quedaba la subida al castillo…por suerte vimos una parada de un minibús que subía hasta allí, sin dudarlo nos montamos. Madre mía menos mal que fuimos motorizados, pedazo de cuestas!! Subimos hasta el castillo ya a pie y llegamos a los tornos, imposible colarnos así que retrocedimos para ir a sacar los billetes ya que parecía que sí que merecía la pena, nos hicieron descuento con el carnet de la uni (creo recordar), una putada que martika aún no fuera universitaria jejejej. Volvimos a los tornos y fuimos hacia el borde de la explanada donde había unas vistas cojonudas de toda la ciudad.

Vistas desde el castillo

Mirando el plano hicimos un camino recomendado para visitar el recinto, así que nada a patear. Por el camino había una losa con un poema escrito en varios idiomas, un poema bastante extraño todo hay que decirlo, y al fondo una señora se subía encima de un cañón a modo de caballo. Un sonido de un pájaro extraño nos llamó la atención, porque era bastante cansino. Escudriñamos entre los árboles ver si dábamos con el pajarraco, pero nada, de esto que miro a uno de los muros y veo un pavo (o pava) real emitiendo esos sonidos. Nos quedamos un rato observando y luego ya caminamos hasta la entrada de lo que es el castillo.

Por allí había varios gatos y varios pavos reales, que aunque no extendieron su plumaje si dieron la impresión de la señoría de sus plumas. Cruzamos el portón de entrada y nos adentramos en la construcción medieval, no tardé en atisbar unas escaleras y subir a la muralla a contemplar vistas. Dimos un rule por todas las murallas y cómo aún me quedaban fuerzas para andar pues me bajé un pedazo de murallón hasta una especie de minarete, pero a mitad de camino decidí volver, al fondo, una pareja en celo me lo agradeció. Hicimos más fotos y ya se hizo la hora de salir de allí.

Castillo de San Jorge

Vuelta al hostel

En los aledaños entramos en una de las tiendas de suvenires que aún quedaban abiertas, allí compramos alguna cosilla. Para bajar de nuevo esperamos al bus y buff, vaya viaje, en mi vida había visto acelerar bajando una cuesta del 10% o más, un puto rally el viaje en bus…Puesto nuestro culo a salvo nos bajamos cerca de la catedral para pasar por la calle del coche y echarle un vistazo, ahí seguía…

El albergue nos llamaba a gritos y no pudimos rechazar su oferta, pero no nos apalancamos mucho ya que era la hora de cenar y había que buscar un buen sitio para ello. Carol nos había hablado de una pizzería un poco más abajo, así que fuimos para allí y tachán, cerrada, doblamos la esquina (que fuertes somos eh?) y echamos un vistazo a los restaurantes de esa calle. Al final optamos por un indio, no estuvo mal la comida pero demasiado picante, eso sí el precio bastante económico. En frente nos quedamos con la copla de una terraza de un restaurante en medio de la carretera, eso sí que es una comida de alto riesgo.

Estábamos reventados, teníamos pensado ir a dar una vuelta pero el cansancio se apoderó de nuestros seres y no pudimos hacer nada, bueno sí, tirarnos en un parque cercano a seguir con nuestros desvaríos. De ahí al albergue y en el albergue pues a descansar que la pateada que llevábamos encima nos había dejado destrozados.

El pavo real y su castillo

Entradas del diario de viaje

Hasta aquí este segundo capítulo del diario. Espero te haya gustado y estés por aquí para leer el siguiente. Si te gusta este formato de diario de viaje tienes más recogidos en este enlace. Ya sabes que puedes invitarme a un cafecito aquí.

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