
Visita a Mérida y Évora. Entre Cegonhas e Meadeiros do Pared
Seguimos con este diario de viaje con el segundo capítulo en el que hacemos una visita a Mérida y a Évora, para acabar llegando a Lisboa. Te puede servir para organizar una visita exprés o tomar ideas de un itinerario. Allá vamos.
Antes de que sonara la alarma ya me estaba despertando y martikulis parecía que también, una vez despiertos los 3 nos pusimos a desayunar y a aliñarnos para estar presentables. Fue esta vez S.Tesifonte quien nos iluminó el día, bueno más bien la mañana, luego parece ser que pilló una buena llorera. Las vistas desde la habitación eran magníficas, abajo en la plaza estaban empezando a construir un escenario y cada vez había más ruido. Todo recogido y listos para marchar.
Fuimos para el coche aún medio dormidos y con el Sol molestándonos en los ojos. Salir de la ciudad no fue tan complicado como entrar y pronto ya estábamos en una carretera que nos llevara a la autovía hacia Mérida. De nuevo la pelota musical fue providencial en el corto trayecto en el que esta vez ayudados de las hojas de viamichelin entramos por donde nos dio la gana. Llegamos hasta el puente romano y no muy lejos de allí dejamos el coche en un parking público.

Mérida: visita exprés
Ya estábamos en Mérida, retrocedimos hasta llegar de nuevo al puente antes de ir hacia el centro. Es un puente bastante tocho que cruza al río Guadiana (cosa que desconocíamos) en dos tandas, con una “islita” en medio. La verdad que las vistas eran chulas, pero no estábamos como para cruzar el kilómetro de longitud. Es el segundo puente romano en longitud, solo superado por uno que cruza el Danubio…de las cosas que se entera uno.
Una vez hecho el subnormal y las fotos de rigor paseamos por la Alcazaba hasta llegar a lo que supongo sería la Pza Mayor, aunque creo que se trataba de la Pza España. Nos metimos por una de sus callejuelas comerciales y estaba abarrotada, pero que pasa que los Jueves no trabaja nadie allí o qué? Al final supusimos que sería culpa de ZP y del alto paro que hay por esas tierras.

Templo de Diana
Caminando caminando llegamos hasta el templo de Diana, un templo del S I aC que se encuentra en medio de la ciudad, es que de repente ibas andando y ahí va, un templo por aquí, unas ruinas por allá…Curiosa la “adaptación” de la ciudad a los restos antiguos. El templo estaba petado de gatos que campaban a sus anchas por él, estaba vallado así que no dejaban entrar seres humanos.
Seguimos callejeando hasta llegar a la oficina de turismo, donde pillamos unos planos y nos dijeron hay que ver esto, esto y esto. Como la mitad de las cosas eran museos y había que pagar en todas se nos quedó la cara un poco larga, nos explicaron que había una entrada múltiple que salía más barata que por separado para ver el anfiteatro y el teatro…
Mientras fuimos pensando qué hacer (si pagar la pasta o no), llegamos a un parquecillo que en la puerta ponía no se qué de unas termas o algo así. Total que al igual que los que iban delante nuestro, cruzamos la verja (por la puerta, no saltamos hombriii) y entramos al lugar. Para sorpresa nuestra y ahora mismo vuestra, acabábamos de entrar en el lugar donde se encuentra el teatro y anfiteatro romanos. Vamos que habíamos entrado por la patilla sin querer, no sé si fue por despiste del guardia o porque ese día era gratis (cosa que dudamos) pero vamos que allí dentro estábamos.

Anfiteatro y teatro romano
Primero fuimos al anfiteatro, al entrar es difícil imaginarse la de barbaridades que estaríamos pisando. Nos quedamos escuchando un rato a una guía que había para un grupillo de jovenzuelos, luego subimos para ver la perspectiva desde arriba. Tenía que ser flipante aquello en sus tiempos mozos, como bien dice Obélix: están locos estos romanos.
Fotele por aquí y por allá, meternos por acá y por el otro lado hasta llegar al famoso teatro de Mérida. A mí me gustó 868743245374583 veces más el anfiteatro, porque en el teatro habían recubierto los escalones naturales de plastiquete para hacer ver cómo era antes…que debajo del plastiquete estaría destrozado, vale, pero así le quitaron todo su encanto. En el fondo del teatro se veía un edificio con las típicas columnas capiteles que estudias en el colegio, ayss que recuerdos.
Dimos unas vueltecillas por el recinto, más fotos y cuando estábamos cansados de ver tanta piedra medio derruida salimos por donde habíamos entrado. Pensamos en usar la misma entrada para ir a uno de los museos que nos habían recomendado, pero el tiempo era oro y preferimos sentarnos en una callejuela degustando un zumito de cebada.
De vuelta al coche pasamos por el foro romano, algo parecido al templo de antes pero en otro sitio, foto y ale ale. Como aún era pronto pensamos en ir a comer a Évora (pueblo portugués) y dicho y hecho. Volvimos hacia el Xantia no sin antes pasar a comprar pan en una panadería. Nos dejamos algunas cosillas de ver en la city pero para visita expréss yo creo que fue más que suficiente y no digamos si contamos el precio de la entrada.

Vuelta al coche
De nuevo a la autovía, autovía plagada de cigüeñas (cegonhas cuando pasamos Badajoz) en postes que habían dispuesto con ese fin. Es flipante la cantidad de esos bichos que hay por tierras belloteras. Pelota en on y conversaciones absurdas se fueron sucediendo, matamos el hambre con bolsas de patatuelas y alguna que otra mierda más, ya que aún quedaba un cachito hasta llegar a Évora… Según íbamos avanzando las hordas de mordor se veían al fondo, donde un oscuro y casi negro firmamento nos esperaba. La lluvia hacía aparición y las iras de S Tesifonte se tornaron tormenta (fijo que se le había colgado el ordenador) habiendo cruzado ya la frontera con el país luso.
¡Al fin pisábamos tierras portuguesas! El primer pueblo que anunciaba la “barata” autopista era Elvas, avanzábamos y avanzábamos y la figura de Elvas no la dejábamos atrás, salidas y más salidas que llevaban al mismo sitio; supusimos se trataba de el monfragüe portugués.

Visita de Évora
El estómago comenzaba a protestar y al fin llegó la salida hacia Évora, el lugar estaba a unos kilómetros de la autopista y la lluvia intermitente nos acompañó todo el camino. Llegamos al poblado y conseguimos aparcar no muy lejos del centro, estaba chispeando y el hambre apremiaba. Pusimos el ticket de la ORA, OTA, SER o como se llame en vuestros respectivos lugares y a buscar un buen lugar.
Poco a poco iba cayendo más chuva así que cuando ya llegamos a una de las plazas del centro nos metimos a zampar a un restaurante (con un nombre atrayente: “Arcada”). La carta estaba en portugués así que pedimos medio al tuntún, pero la verdad es que nos supo todo muy rico, hasta a martika le gustó una salsa verde!! Llegó el momento del postre y me tomé una queijada evoriana que me supo a gloria.
Antes de salir a visitar aquel lugar Marta fue a pedir la chave do baño y yo fui a investigar si había que pedir también las del de tíos, pero no a la vuelta le comuniqué a pepe que había meadeiros do pared.

Lo que la lluvia nos permitió
Al salir estaba jarreando como en el viña de Benicasim, aprovechamos para entrar en una iglesia que teníamos en frente…dimos un paseíllo por dentro y salimos corriendo hacia los soportales para resguardarnos. Desde allí vimos que en frente estaba la oficina de turismo, así que martika se ofreció voluntaria para cruzar la batalla da gotas da chuva y conseguir un buen plano. Y dicho y hecho, a los 5 min volvió un poco más mojada y con un plano (en las manos no porque si no se habría mojado). Echamos un ojo a lo que íbamos a visitar y dimos una vuelta por los soportales hasta que se acabaron.
Fue el momento crucial de comprar un paraguas a las paragüeras ambulantes, tras regatear con un par de ellas conseguimos rebajar de 5 a 4€…La verdad es que fue buena compra, ya que se trataba de un paraguas gigantesco en el que cabíamos los 3, la putada era andar los 3…

Consultando el mapa accedimos hasta una de las Iglesias importantes de la ciudad y posteriormente entramos en su cripta decorada con huesos humanos, estilo a la de Kutna Hora. De allí fuimos a la Catedral y como seguía lloviendo a más no poder decidimos dejar por imposible una mejor visita. Volvimos hasta el coche y pusimos rumbo hacia la capital.
La ciudad de Évora me dio bastante buena impresión, es un pueblo lleno de callejones con fachadas blancas y un par de monumentos que están bastante bien. Si hubiera hecho bueno seguro que mejoraba el concepto.
Llegada a Lisboa
Otra vez en la carretera la lluvia se hizo infernal hasta el punto de tener que ir a 40km/h en medio de la autopista y aún así no ver un carajo, como si estuvieran lanzando piscinas al coche, la verdad es que pasamos momentos de angustia, ya que si algún coche se llega a despistar o algo la hostia es segura.
Fue pasar ese momento y aliviados vimos como la lluvia iba desapareciendo, no así las nubes. Ya estábamos cerca de Lisboa así que tocó empollarse las hojitas de viamichelín para poder llegar a las puertas del albergue.
Después de cruzar (pagando eso sí) el puente del 25 de octubre (el de mapfre vamos) con las indicaciones llegamos hasta la misma puerta del albergue, como ahí era imposible aparcar (ya que estábamos al ladito de la Catedral) subimos por una calle y más arriba encontramos sitio. Dudando de si se trataba de zona azul o no, lo aparcamos para no tener que moverlo hasta la vuelta hacia Badajoz. No llovía y no parecía que fuera a hacerlo.
Pillamos lo necesario y fuimos hacia el albergue, pasamos por una especie de plazuela llena de hojas lila que le daban un ambiente bastante…mmm, no sé, digamos extraño y bonito. Llegamos hasta el portal, llamamos y subimos hasta el piso correspondiente. Una mujer muy amable nos abrió la puerta y comenzamos a flipar con el albergue una vez hecho el check in, era pequeñajo pero súper cuco, ikea total y muy moderno. Con 2 pantallas planas (una para la play), ordenador y una cocina totalmente equipada.

Donde caben tres caben cuatro
Mientras dejábamos las cosas en la habitación, donde nos dieron una llave para un locker a cada uno, martika hizo amigos en el baño. Carol, una chica brasileña nos acompañaría esa tarde-noche y el sábado en la visita a Sintra.
Volvimos al coche a por las demás pertenencias y las llevamos al hostel, de allí salimos ya acompañados por Carol y pusimos rumbo primero a ver la Catedral. Después bajamos hasta la praça do comercio donde había una extraña exposición de smarts y la praça do municipio, para por último visitar un poco el barrio alto y el de chiado.

Primera toma de contacto lisboeta
A mitad de camino nos paramos en una cadena heladera a degustar unos helados, que buenos estaban dios miooo. Continuamos subiendo hasta llegar a un mirador en Chiado, donde nos hicimos algunas foteles y aliñamos un cigarrito. Acto seguido fuimos hacia el barrio alto a tomar unas cervezotas que al final fueron caipirinha y cerveza, que dolor de caipirinha, 3 de esas y sales dando tumbos…
Se iba haciendo tarde así que lo que hicimos fue ir hacia el albergue pasando un poco por la baixa. Sin comerlo ni beberlo pasamos por delante de la estatua de Fernando Pessoa y más adelante por el carismático elevador de Santa Justa. En poco tiempo ya atisbamos la calle del albergue.
Subimos y tocó una ducha (que ya iba siendo hora) antes de cenar, la cena, pues las sobras del día anterior aún: tortilla y filetes empanados. Yo me quedé un rato frikeando con mi lof y a la cama, al día siguiente tocaba una buena visita a la ciudad…

Entradas del diario de viaje
- Prólogo
- El parque de Monfragüe ocupa la mitad de la geografía española
- Navegarás por las autopistas lisboetas
- Cómo ejercer de líder y hacer que tus pies te odien
- Y nos quedamos con ganas de más
- Todo llega a su fin
Hasta aquí este segundo capítulo del diario. Espero te haya creado el «hype» necesario para seguirlo. Si te gusta este formato de diario de viaje tienes más recogidos en este enlace. Ya sabes que puedes invitarme a un cafecito aquí.


